La boda de Ivanka Trump y Jared Kushner: historia y detalles
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Lujo y elegancia en una boda clásica: así fue la ceremonia de Ivanka Trump y Jared Kushner
La fecha elegida fue el 25 de octubre de 2009. Era domingo cuando Ivanka Trump, hija del multimillonario y expresidente de Estados Unidos Donald Trump e Ivana Trump, cumplió su sueño de convertirse en novia. Ivanka se casó con Jared Kushner, propietario de The New York Observer. En ese momento, ella tenía 27 años y el novio, 28. La ceremonia se celebró en el Trump National Golf Club de Bedminster, Nueva Jersey, el club de golf del padre de la novia, y reunió a unas 500 personas. La carpa de la recepción tenía laterales transparentes y se instaló en medio del campo, permitiendo contemplar los árboles y el follaje otoñal.
Ivanka era presbiteriana, pero decidió convertirse al judaísmo, la religión del novio. Por ello, la ceremonia religiosa siguió la tradición judía.
Según se comentó entonces, Ivanka fue una de las novias más bellas de 2009, además de una de las más elegantes. Acertó con cada elección, desde el vestido hasta los detalles de la decoración.
Al organizar la celebración, Ivanka siguió una línea clásica y formal para la boda, que tuvo lugar durante el día. La fiesta, sin embargo, continuó hasta la noche. Entre los invitados figuraron numerosas celebridades, como Russell Crowe, Regis Philbin, Natalie Portman, Barbara Walters, Rudy Giuliani, Andrew Cuomo, Ed Rendell, el cantante de country Jamey Johnson, la actriz Emmy Rossum y Adam Duritz, de Counting Crows.
El vestido elegido por Ivanka fue obra de Vera Wang, una de las diseñadoras más solicitadas por las novias célebres. Se trataba de una reinterpretación del espléndido vestido de novia de la princesa Grace Kelly, confeccionada cuidadosamente con capas de encaje Chantilly y Lyon, mangas tres cuartos y falda evasé. Ivanka llevó joyas de inspiración art déco pertenecientes a una colección diseñada por ella misma: pendientes de diamantes de talla mixta engastados en platino, una pulsera de platino y diamantes y un adorno de cabello, también de platino y diamantes, que resaltaba el velo. Más tarde, las piezas se adaptaron para su venta al público. En los pies eligió zapatos de Stuart Weitzman y completó el look con un ramo completamente blanco de jazmín de Madagascar, una especie poco común.
La decoración, toda en blanco y dorado, fue creada por Preston Bailey. La alternancia de elementos altos y bajos sobre las mesas generaba una sensación de movimiento. Lirios del valle, hortensias, rosas, gardenias, orquídeas y ranúnculos embellecieron el ambiente. También destacaron las invitaciones de la ceremonia, realizadas por la joyería Tiffany.
Además de la decoración y las invitaciones, uno de los grandes protagonistas fue el pastel de 13 pisos creado por Sylvia Weinstock. Flores de azúcar con forma de lisianthus, peonías, rosas, lirios del valle y paniculata cubrían cada nivel. Los tonos seguían una paleta clara de blanco, crema y rosa marfil. También hubo variedad de sabores: para agradar a los distintos gustos de los invitados se eligieron chocolate, zanahoria y almendra, mientras que el interior del pastel tenía un tono amarillo.
Según los relatos, los recién casados pasaron gran parte de la fiesta bailando. Para la luna de miel eligieron un destino exótico: un safari por África. Sin embargo, esperaron hasta diciembre para realizar el viaje. Fue, sin duda, una elección poco convencional después de una boda tan clásica.









































































































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